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Año Internacional
de las Fibras Naturales
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En los países en desarrollo el algodón es un cultivo comercial importante para millones de agricultores. Más...

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El Año Internacional es una oportunidad irrepetible de ampliar la utilización y promover usos más innovadores de las fibras naturales. La FAO ha puesto en marcha una campaña mundial de información en apoyo a las actividades de los asociados. También organizará una conferencia internacional sobre las fibras naturales en 2009. Se exhorta a los gobiernos y el sector privado a aportar fondos para ayudar a la FAO a garantizar el éxito del Año Internacional.

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00153 Roma, Italia
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Correo electrónico: IYNF-2009@fao.org

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Crónicas de las fibras

Algodón: Menos pesticidas, más ingresos

Los cultivadores asiáticos aprenden a estudiar pesticidas de cerca en sus cultivos y usan insecticidas sólo cuando es necesario

Algodón listo para la cosecha en Pakistán
FAO/Asim Hafeez

El algodón es el rey en Asia. Sólo China, India y Pakistán suman casi el 60% de la cosecha mundial de algodón y más del 70% de los cultivadores de algodón del mundo. El algodón en Asia es un cultivo predominantemente de los pobres, proveyendo la principal fuente de ingresos de más de 100 millones de granjeros, a baja escala, de bajos ingresos. El algodón procesado provee trabajo a millones de trabajadores de las fábricas, muchos de ellos mujeres. No es de extrañarse, por lo tanto, que la producción de algodón sea una parte importante de las estrategias de desarrollo rural en muchas ciudades asiáticas.

Pero la producción de algodón involucra con frecuencia el uso intensivo de pesticidas, principalmente insecticidas, los cuales pueden representar un riesgo serio para la salud de granjeros y consumidores, la agro-biodiversidad, el agua potable y los ecosistemas. En Asia, el uso de pesticidas sintéticos – muchos de ellos clasificados como "altamente riesgosos" y prohibidos en países desarrollados – se incrementa exponencialmente con la introducción de variedades de algodón mejoradas e híbridos, los cuáles dan más rendimiento pero también son más susceptibles a las plagas que los cultivos tradicionales.

A medida que las plagas desarrollan resistencia, los pesticidas son menos efectivos y los granjeros comienzan a aplicarlos con mayor frecuencia, agravando los costos económicos, ambientales y sociales. A finales de los 90, los insecticidas sumaron en algunas ciudades asiáticas un costo estimado del 40% de la producción de algodón, lo cual no sólo limitó la rentabilidad sino que llevó a muchos granjeros a tomar ruinosos préstamos por los altos intereses que debían pagar por ellos.

Estrategias alternativas. Pero también hay buenas noticias. Los estándares fitosanitarios y el comercio internacional, la creciente concientización de los consumidores, y la preocupación por la degradación de los recursos naturales, han impulsado a un creciente número de ciudades productoras de algodón en Asia a limitar el uso de pesticidas y a adoptar estrategias alternativas para proteger estas valiosas plantas de algodón contra las plagas.

Una propuesta exitosa es el Manejo Integrado de Plagas (MIP), estrategia basada en el conocimiento que busca reducir el uso de pesticidas previniendo que las plagas se conviertan en amenazas. Esta estrategia entrena a los granjeros para monitorear sus cultivos por potenciales propagaciones y usa una combinación de controles biológicos, culturales y – cuando es necesario – químicos, para manejar el daño por plagas con medios más económicos, y con el menor riesgo posible para las personas y el medioambiente.

El MIP se probó durante la década de los 80, cuando Indonesia enfrentó la propagación de una plaga que se esparció en sus campos de arroz, provocada por el uso masivo de pesticidas subsidiados. Mientras el gobierno reducía la distribución de los químicos, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación apoyó la creación en toda la nación de Escuelas de Campo para Agricultores (Farmer´s Field Schools – FFS-), en donde pequeños grupos de granjeros participaron en sesiones abiertas para aprender las técnicas del MIP. El resultado fue una reducción general del uso de pesticidas, de casi un 50% en algunas áreas.

La iniciativa fue aplicada al algodón en 1999, cuando la FAO y el Unión Europea lanzaron un programa regional quinquenal que cubría a Bangladesh, China, India, Pakistán, Las Filipinas y Viet Nam. El programa desarrolló el "análisis de ecosistemas de algodón", en el cual los participantes se reunieron una vez por semana durante la estación de algodón y, en pequeños grupos, hicieron detalladas observaciones para dos estudios en campo – un estudio del MIP y uno de "prácticas para granjeros". Comparando notas y dibujos de lo que observaron, los granjeros se convirtieron en mejores tomadores de decisiones y manejadores de cultivos, descubriendo, por ejemplo, que no todas las plagas y no todos los niveles de población de plagas requieren un control total.

ABC del MIP

El Manejo Integrado de Plagas emplea una variedad de prácticas para reducir la necesidad de un control químico de plagas. Ellas incluyen:
Culturales - por ejemplo usando variedades locales de cultivos resistentes a las plagas, rotando cultivos y sembrando cultivos intercalados.
Mecánicas - esterilizando la tierra con calor, recolectando plagas de insectos a mano o a máquina.
Biológicas - usando productos naturales para el control de plagas, incrementando la población de predadores de plagas.
Biotecnológicas - usando feromonas para un control más selectivo y efectivo de plagas.

Mayores cosechas, rentabilidad. Fortalecer el conocimiento ecológico de los granjeros y el control sobre el manejo de sus cultivos ha traído beneficios económicos y sociales importantes. En India, los granjeros de un área redujeron la aplicación estacional de ingredientes pesticidas activos de más de 1000 ml a sólo 250 ml por hectárea. La evaluación económica mostró que el margen bruto de ingresos de algodoneros que practican el MIP se incrementó casi el 23% gracias a mayores cosechas y reduciendo los gastos en pesticidas. En Pakistán, el 12% de los granjeros entrenados escaparon de la pobreza gracias a la mayor rentabilidad de sus cultivos. Al mismo tiempo, reducir la exposición de los granjeros a los pesticidas condujo a una caída del 50% en los casos de envenenamiento agudo entre los trabajadores de los cultivos en algunos de los lugares del proyecto.

El MIP puede tener un papel aún en cultivos sembrados con algodón BT genéticamente modificado, el cual contiene un gen que produce el Bacillus thuringiensis, toxina letal para algunas especies de orugas. El algodón BT fue introducido para reducir la necesidad del control químico de plagas, y es generalmente aceptado que ha contribuido a una reducción significativa del uso de insecticidas.

Sin embargo, recientes brotes de infestaciones secundarias de plagas, como la de cochinillas harinosas en el norte de la India, han impulsado advertencias gubernamentales a los granjeros para revertir los pesticidas. Además, la efectividad del algodón BT depende de la prevención del desarrollo de resistencia en las orugas de las cápsulas del algodón, la más seria de las plagas del algodón – que por eso es obligatorio, pero prácticamente imposible en pequeños campos, para granjeros que cultivan algodón BT plantar el 20% de sus tierras con el híbrido no BT. Tratando la aparición de insectos no problemáticos previamente, la gestión del MIP puede añadir valor significativo y sostenibilidad a los logros del algodón BT.

adaptado de un artículo por
Cristina Mancini y Francesca Mancini
Naturalmente tessile
Traducido por María José Posada V.

Comuníquese con nosotros para participar:

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